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De Paris y sus ruidos

                                      De París y sus ruidos                                                                                                                       I La sirena del carro de policía sonaba y con ella me llegaban las vibraciones de París Ninguna otra suena como allá El silencio quedó paralítico dentro del vapor de esta urbe Y yo seguía recordando el ruido de  las sirenas de París Ese sonido de náufrago solo De soliloquio en un teatro vació De preso metido en una celda de castigo O loco oculto en el alma de un hombre libre Como en un poema...

Morir por un segundo

H e sentido la  quietud del silencio en la noche y la paz de la Luna El lenguaje de sonidos obscuros imperceptibles que pululan a mi lado Sin a penas hacerme mover una de mis manos (Quietas) perdiendo su viveza y su gracia su lenguaje y discurso sus ganas de escribir y  ahora quietas Encerradas en lo oscuro desgastándose poco a poco volviéndose comida de gusanos sin sentirlo transformando mis  dedos  en huesillos de marfil He sentido el profundo vacío de la muerte Sin dolor ni susto Porque dormía El agua del grifo me hacia imaginar al de la lluvia Limpiando el polvo y llevándose con ella un poco de mi alma                                                                          Toronto  3 de Julio  2015

Mi perro Mocho

Hace tiempo le debía estas letras a mi perro. Se llamaba  Mocho, porque le habían cortado la cola. Cuando apareció en mi vida  ya era un perro grande. Yo había tenido que salir de la ciudad, y pedi a mi madre que  se quedara cuidando mi casa. Mi barrio, en uno de los suburbios de La Habana, no era uno de los mas seguros , y temía que sucediese algo en mi ausencia y nadie estuviese en casa. Al volver, mi madre me dijo que afuera había un perro que se echaba  en el dintel de la puerta, y que había aparecido de improvisto, y la seguía a todas partes cada vez que tenía que salir. Era un hermoso perro "sato", como llamamos en Cuba a los perros sin raza definida. Mocho fue el segundo perro que tuve  en mi vida, mas bien el tercero, pues hubo un primer pastor- alemán que existió cuando yo era pequeñito, y junto a quién dí mis primeros pasos. Aquel perro era mi guardián y, según me cuentan,  hasta trataba de ayudarme a levantar cu...

El ano de mi despertar.

Corría el ano 1989 y yo había acabado de entrar en la Escuela de Derecho de la Universidad de la Habana. Fue el año de la caída del muro de Berlín, y a partir de ahí se desataron los acontecimientos que nos cambiaron la vida para siempre. Era usual que nos convocaran casi a diario a marchas, reuniones, mitines, y  mas teques políticos, hasta un bendito día  en que decidí dejarlo todo, entregar aquel   honroso carnet de la juventud comunista, en el tercer ano de la carrera, luego de varias sanciones por negarme a hacer guardias vigilantes en la Universidad. De cualquier manera, en el futuro, otra nueva sanción pronto seria parte de mi récord, porque yo me negué  a firmar para alistarme en el grupo de Brigadas de Respuesta Rápida de la Facultad. Tales brigadas eran una especie de escuadrón represor que debían  golpear y humillar  a cualquiera que expresara criterios en contra del gobierno. Eran tiempos muy convulsos. De la Facultad de Artes  y Letras...

Por los brazos de Maya

                                                                                            a Maya Plisetskaya Fueron tus brazos los que nos enamoraron, tu ganas de salir a volar, a descubrir el mundo, y a escapar.  Por eso, te reconocimos desde el inicio, no eras ajena. Venías de lejos, pero te quedarías para siempre. Eras la alegría de la luz, y la fuerza de la esperanza. No importaba que no comprendiéramos mucho de tu lejana tierra,  porque a nosotros nos sobraban las palabras. Teníamos tu gesto, tu fino rostro, tus ojos que no delataban, Teníamos tus brazos, Maya, que eran más que alas, eran gritos de agonía, lujuria encendida de mujer que se revela y canta, era un código secreto para callar y decir, un volcán de gritos y plumas blancas. Nos t...

Si me regalaras Paris...

                                                                        a Maite, con el amor de siempre Si me pudieras regalar París me harías un mejor hombre porque ayudaría  cada loco que encontrara en mi camino a escapar de la locura de este mundo, a cada anciana perdida en la bruma  del tiempo a retornar sobre él sin decir palabras, regalaría a cada niño una hoja blanca y un pincel para que imagine la vida con sus colores preferidos Si me pudieras regalar París, sería el más feliz de todos los hombres o quizás el más triste, porque lo tuviera casi todo y no sabría que hacer... recuperaría  mi memoria y entonces tal vez quisiera borrarla. Si me pudieras regalar París  gritaría de alegría  lloraría de emoción Tendría diez hijos y seria polígamo, maníaco, artista, pa...

Domingo sin Paris

Pregunto al silencio por qué me duele tanto esa ciudad pero no puede responderme  Como árboles en bosques  que plantan esperanzas pego recuerdos en mi memoria...  la luz invisible de la luna  en las alturas del campanario  y el brillo de quien me acompañaba  el beso atrevido de aquel mendigo  sobre mi mano  beso lleno de añoranza y reverencia otrora venerada El Sol ha intentado iluminarme el día Y su luz   se volvió   solo nostalgia De aquella ciudad por donde anduve y ando Y adonde siempre se me escapa el alma. Toronto Abril 6, 2014