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Mi perro Mocho

Hace tiempo le debía estas letras a mi perro. Se llamaba  Mocho, porque le habían cortado la cola. Cuando apareció en mi vida  ya era un perro grande. Yo había tenido que salir de la ciudad, y pedi a mi madre que  se quedara cuidando mi casa. Mi barrio, en uno de los suburbios de La Habana, no era uno de los mas seguros , y temía que sucediese algo en mi ausencia y nadie estuviese en casa. Al volver, mi madre me dijo que afuera había un perro que se echaba  en el dintel de la puerta, y que había aparecido de improvisto, y la seguía a todas partes cada vez que tenía que salir. Era un hermoso perro "sato", como llamamos en Cuba a los perros sin raza definida. Mocho fue el segundo perro que tuve  en mi vida, mas bien el tercero, pues hubo un primer pastor- alemán que existió cuando yo era pequeñito, y junto a quién dí mis primeros pasos. Aquel perro era mi guardián y, según me cuentan,  hasta trataba de ayudarme a levantar cu...

El ano de mi despertar.

Corría el ano 1989 y yo había acabado de entrar en la Escuela de Derecho de la Universidad de la Habana. Fue el año de la caída del muro de Berlín, y a partir de ahí se desataron los acontecimientos que nos cambiaron la vida para siempre. Era usual que nos convocaran casi a diario a marchas, reuniones, mitines, y  mas teques políticos, hasta un bendito día  en que decidí dejarlo todo, entregar aquel   honroso carnet de la juventud comunista, en el tercer ano de la carrera, luego de varias sanciones por negarme a hacer guardias vigilantes en la Universidad. De cualquier manera, en el futuro, otra nueva sanción pronto seria parte de mi récord, porque yo me negué  a firmar para alistarme en el grupo de Brigadas de Respuesta Rápida de la Facultad. Tales brigadas eran una especie de escuadrón represor que debían  golpear y humillar  a cualquiera que expresara criterios en contra del gobierno. Eran tiempos muy convulsos. De la Facultad de Artes  y Letras...

Por los brazos de Maya

                                                                                            a Maya Plisetskaya Fueron tus brazos los que nos enamoraron, tu ganas de salir a volar, a descubrir el mundo, y a escapar.  Por eso, te reconocimos desde el inicio, no eras ajena. Venías de lejos, pero te quedarías para siempre. Eras la alegría de la luz, y la fuerza de la esperanza. No importaba que no comprendiéramos mucho de tu lejana tierra,  porque a nosotros nos sobraban las palabras. Teníamos tu gesto, tu fino rostro, tus ojos que no delataban, Teníamos tus brazos, Maya, que eran más que alas, eran gritos de agonía, lujuria encendida de mujer que se revela y canta, era un código secreto para callar y decir, un volcán de gritos y plumas blancas. Nos t...

Si me regalaras Paris...

                                                                        a Maite, con el amor de siempre Si me pudieras regalar París me harías un mejor hombre porque ayudaría  cada loco que encontrara en mi camino a escapar de la locura de este mundo, a cada anciana perdida en la bruma  del tiempo a retornar sobre él sin decir palabras, regalaría a cada niño una hoja blanca y un pincel para que imagine la vida con sus colores preferidos Si me pudieras regalar París, sería el más feliz de todos los hombres o quizás el más triste, porque lo tuviera casi todo y no sabría que hacer... recuperaría  mi memoria y entonces tal vez quisiera borrarla. Si me pudieras regalar París  gritaría de alegría  lloraría de emoción Tendría diez hijos y seria polígamo, maníaco, artista, pa...

Domingo sin Paris

Pregunto al silencio por qué me duele tanto esa ciudad pero no puede responderme  Como árboles en bosques  que plantan esperanzas pego recuerdos en mi memoria...  la luz invisible de la luna  en las alturas del campanario  y el brillo de quien me acompañaba  el beso atrevido de aquel mendigo  sobre mi mano  beso lleno de añoranza y reverencia otrora venerada El Sol ha intentado iluminarme el día Y su luz   se volvió   solo nostalgia De aquella ciudad por donde anduve y ando Y adonde siempre se me escapa el alma. Toronto Abril 6, 2014  

Esther Borja en mi recuerdos

Era un niño en la década del setenta cuando empecé a oír su nombre, y su presencia se me hizo familiar en aquel programa que duró más de veinte años en la televisión cubana: " Album de Cuba ". Con ella me acerqué, por primera vez, a los nombres de Adolfo Guzmán, Eduardo Saborit, Sindo Garay y Ernesto Lecuona. Su rostro y estilo nada tenían que ver con mi época, sin embargo, había una manera especial y diferente de cantar, de interpretar, con un ritmo que me hacía seguirla cada semana. Su voz  era cadenciosa y suave, y representaba una elegancia que ya, por entonces,  desaparecía de la televisión cubana.  Como siempre gusté de lo diferente, me gustaba Esther Borja. Ella representaba una época que nada tenía que ver con la mía y, por eso, me aferraba a verla. Con el tiempo descubrí que la calidad se impone al tiempo, y como dice la letra de una canción, también cubana,  .." lo bueno no pasa…". Esther Borja proyectaba una sencillez natural y una humildad increíbles,...

Similitud de almas

                                                                                                                   a Cesar Vallejo Hoy descubrí que naciste casi como yo que me adelanté un tanto cerca de los Idus de Marzo lleno de sueños con ansias de volar en el mes del agua Descubrí la comunión de nuestras almas la complicidad con el silencio y la lluvia el dolor de amar París También te fuiste como yo que me escapé en busca del acordeón de boulevares de la Luz que no se apaga nunca de los misterios guardados en buhardillas Como pudiste presagiar mi alma? Ahí has estado todo el tiempo acompañándome testigo de piedras y rincones deseo tanto morir en la misma ciudad donde tu duerm...